miércoles, 18 de agosto de 2010

RED SOX

Había decidido ir a ver el partido de béisbol entre los Red Sox (el equipo de Boston) y los Cleveland porque la gente con la que estaba me había convencido. En realidad, el grado de atracción de este deporte estaba entre cero y nada pero, por otro lado, si uno está en USA no es comprensible que no vaya a un estadio de "baseball". Así que, al terminar las clases cogí el subway a Fenway (Green Line): Fenway es el nombre del estadio de los "medias rojas". Llamo por teléfono a Felipe para preguntarle dónde están. Me dice que ya han entrado: Gate E. El precio, me cuenta, es de $170. Le respondo que puedo gastar ese dinero en cosas mucho más interesantes. Así que mi gozo en un pozo. Pero, no importa. Decido dar una vuelta en torno al Estadio para ver el ambiente. Realmente es espectacular: nunca había visto tanta gente vendiendo cosas en tan poco espacio.
El caso es que cuando estaba por la Gate M veo que venden en la windows-tickets entradas a $20, así que dicidido me compro una. Y entro. Siento una gran emoción. No sé, es todo tan increíble, tan real. Mi asiento era de los de "no hay asiento", pero no me importaba.

No había ninguna barrera física que me impidiera cambiar de sección. Y eso hice. Me marché a donde estaba la gente con la que había quedado y que pensaba que yo me había marchado. Y desde allí pude hacer algunas fotos:
Sin embargo, una de las cosas que más me llamó la atención fue el canto del himno americano. Unos minutos antes del comienzo del partido, el speaker anunció que una cantante de no sé dónde iba a entonar el himno. Todo el mundo (literalmente todos los espectadores), entonces, se puso en pie, guardó silencio y escuchó a la joven.

Hasta yo, que no soy dado a los himnos ni a las banderas, acabé gritando y aplaudiendo. Grandioso. Y pensé en España.
Los Red Sox sufrieron una derrota aplastante de 2-9. Yo aprendí, gracias a una muchacha americana muy guapa que, sentada a mi lado, me las explicó, las reglas fundamentales de este deporte. Y salí del campo convencido aún más, si eso es posible, de que este país es único por la naturalidad con la que viven y disfrutan de aquello en lo que creen.
Quizás el problema de Europa es que hace tiempo que dejó de creer.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Con gente así, no me extraña que se "coman" el mundo.
Nuestra querida Europa resulta demasiado casposa.
Entiendo que estés feliz allí.

Anónimo dijo...

Hemos dejado de creer porque somos demasiado maduros y austeros y al final desilusionados. Los Americanos guardan la juventud histórica de su país en su actitud.

Jan

Cobrizo dijo...

Los problemas sobre nacionalismos, separatismos y tonterías socialistas suenan raros aquí. Sí, creo que aquí las posibilidades de ser feliz son mayores.
Jan, quizás es verdad que los europeos somos demasiado viejos! ¡Y eso es muy triste, porque demostraría que no hemos sabido envejecer!
Saludos.