jueves, 19 de agosto de 2010

CLASES DE INGLÉS

Me siento un poco frustrado. Pensaba que en un mes podría hablar con gran soltura. Pero no es así. Me cuesta mucho trabajo mantener una conversación fluida. Es cierto que es la primera vez que tengo que hablar en inglés: todo lo que sabía lo aprendí de forma autodidacta; gracias a ello, mi nivel se considera intermedio. Pero, no sé, tardo mucho en decir cualquier frase, no porque no sepa cómo se dice, sino porque no tengo asimiladas las estructuras. Y debo pensarlas antes. Esto también es un impedimento para relacionarme con las chicas japonesas, o coreanas, o... Tampoco pasa nada, la verdad. La mayoría de ellas está en torno a las 20-25 años. Y yo ya soy un poquito viejo para andar con jueguecitos.
En fin. El otro día, el teacher de writing and reading nos pidio una composición. Yo he escrito esto (que todavía no ha corregido):

" WRITE A PAGE REFLECTION OF YOUR EXPERIENCES IN BOSTON SO FAR:

When I decided to learn, definitively, English, I thought of coming to Boston, because I was convinced that here there weren’t almost any Spanish people. Nonetheless, as soon as I landed, I saw there were not only many people from Spain, but from many others country where they can speak Spanish.

Anyway, there is another raison. Boston, in the 80’, was known in all around world because of “Cheers”, a television serial. The sentence was “Where everybody knows your name.” I believed people in Boston were both very friendly and witty. Since then, I used to read everything about Boston: his history, his Universities, his traditions, etc. And since then, I wanted to come to Boston. And, now, when I came to Boston, at least, I see Boston is more than I had never imagined." 

Y esto es lo que hay, que no es mucho, pero es así. 
La próxima composición versa sobre el Global Warming, y Al Gore. ¡Será divertida!

FREEDOM TRIAL

El Freedom Trial (el Camino de la Libertad) es un recorrido por los lugares históricos que, desde Boston, llevaron a los americanos a la independencia; o sea, a la libertad. Es un recorrido fácil de seguir porque todo el camino está señalizado con una línea roja. Y comienza en Park Street, yendo al edificio con la cúpula dorada, el Masachussetts State House (es la última imagen de la última escena de The departed, o sea de Infiltrados: la cámara se acerca a la cúpula desde la ventana del apartamento, mientras comienza el Sweet Dreams de Roy Buchanan, y una rata se pasea por lo alto de la barandilla de la terreza. En la peli, la cúpula representa el poder, que siempre es corrupto; aunque en Boston se lo considera un símbolo de la libertad), que es el Capitolio de Masachussets (algo similar al parlamento regional).
Pasa por diversos cementerios en medio de la ciudad de Boston: son interesantes porque en ellos yacen para la eternidad muchos personajes que destacaron en el camino de este país a la libertad.
Uno de los personajes más importantes fue Paul Revere, mensajero trascendental en la batalla de Lexington-Concord (se pasó la batalla yendo y viniendo). Y uno de los símbolos patrióticos más apreciados de Estados Unidos.
o William Dawes Jr., patriota e hijo de la libertad. Ha pasado a la historia por ser el primer mensajero que viajó de Boston a Lexington (20 kms.) para avisar en la noche del 18 al 19 de abril de 1775 a Hancock y Adams de la llegada de las tropas británicas.
 Sin embargo, lo que más llama la atención (por lo menos a mí fue lo que más) es todo lo que rodeó el Tea Party (el motín del té): fue cuando los bostonianos, disfrazados de indios mohawks, fueron al muelle de Griffin y arrojaron por la borda toda la carga del té que esperaba para ser descargada. En realidad, esto se debió a que el parlamento británico protegía a la Compañía Británica de las Indias Orientales (que traía el té desde China), permitiendo que actuase como un lobby, en perjuicio de los comerciantes y contrabandistas de las colonias (que importaban té de Holanda). Aún puede verse alguna casa en medio del río Charles, junto a la desembocadura (está a la derecha de la foto, fuera de plano; pero está):
Otro de los edificios importantes es el Old State House. Éste ha pasado a la historia porque desde sus balcones, el 16 de julio de 1776 se leyó, aunque no por primera vez (fue en Philadelphia, el 4 de julio), la Unánime Declaración de Independencia de los Trece Estados Unidos de América.
Y ahí sigue Los Estados Unidos de América, luchando por la libertad. La suya, que es la nuestra.

miércoles, 18 de agosto de 2010

RED SOX

Había decidido ir a ver el partido de béisbol entre los Red Sox (el equipo de Boston) y los Cleveland porque la gente con la que estaba me había convencido. En realidad, el grado de atracción de este deporte estaba entre cero y nada pero, por otro lado, si uno está en USA no es comprensible que no vaya a un estadio de "baseball". Así que, al terminar las clases cogí el subway a Fenway (Green Line): Fenway es el nombre del estadio de los "medias rojas". Llamo por teléfono a Felipe para preguntarle dónde están. Me dice que ya han entrado: Gate E. El precio, me cuenta, es de $170. Le respondo que puedo gastar ese dinero en cosas mucho más interesantes. Así que mi gozo en un pozo. Pero, no importa. Decido dar una vuelta en torno al Estadio para ver el ambiente. Realmente es espectacular: nunca había visto tanta gente vendiendo cosas en tan poco espacio.
El caso es que cuando estaba por la Gate M veo que venden en la windows-tickets entradas a $20, así que dicidido me compro una. Y entro. Siento una gran emoción. No sé, es todo tan increíble, tan real. Mi asiento era de los de "no hay asiento", pero no me importaba.

No había ninguna barrera física que me impidiera cambiar de sección. Y eso hice. Me marché a donde estaba la gente con la que había quedado y que pensaba que yo me había marchado. Y desde allí pude hacer algunas fotos:
Sin embargo, una de las cosas que más me llamó la atención fue el canto del himno americano. Unos minutos antes del comienzo del partido, el speaker anunció que una cantante de no sé dónde iba a entonar el himno. Todo el mundo (literalmente todos los espectadores), entonces, se puso en pie, guardó silencio y escuchó a la joven.

Hasta yo, que no soy dado a los himnos ni a las banderas, acabé gritando y aplaudiendo. Grandioso. Y pensé en España.
Los Red Sox sufrieron una derrota aplastante de 2-9. Yo aprendí, gracias a una muchacha americana muy guapa que, sentada a mi lado, me las explicó, las reglas fundamentales de este deporte. Y salí del campo convencido aún más, si eso es posible, de que este país es único por la naturalidad con la que viven y disfrutan de aquello en lo que creen.
Quizás el problema de Europa es que hace tiempo que dejó de creer.

martes, 17 de agosto de 2010

4.

La primera noche que estaba en Boston, el domingo día 1 a las 20:00 (en Europa serían las 2:00), Khris preparó la cena. Creo que ella estaba más nerviosa que los tres estudiantes que, de sopetón, acabábamos de arribar a sus propiedades. Nos sentamos a la mesa:
Khris junto a la puerta, yo presidía el ágape de bienvenida y las dos chicas se hallaban a mi derecha. Todo el tiempo Khris no dejaba de hablar. Yo estaba tan cansado que sólo le sonreía: no entendía ni papa de lo que me estaba contando la buena señora. El caso es que mientras llenábamos nuestros platos de suculenta comida (mazorcas de maíz cocido, judías, ensalada, mantequilla de cacahuete y puré de patata), la señora dejó de hablar. De repente. Juntó las manos en su regazo, inclinó la cabeza en señal de sumisión, y guardó silencio. Yo casi reviento conteniendo la risa. Y es que por fin uno de mis sueños se había cumplido: era protagonista de una típica película americana. Fue grandioso.

jueves, 12 de agosto de 2010

3.

El primer día, la señora de la casa (que se llama Khris) en la que me alojo se muestra muy amable y propicia a ayudarnos. Así que nos lleva en su coche, en cuya parte baja del maletero vemos esto:
Y otro día, a propósito de los problemas que tiene la Red Line los weekends (se suele suspender entre las paradas Kendall MIT y Park Street. El tren cruza el Charles Bridge, y parece ser que las infraestructuras ferroviarias no se hallan en buen estado), nos soltó una soflama demócrata a favor de las taxas. Criticaba que los republicanos se opusieran a subir los impuestos. Ella cree que la única forma de solucionar problemas es a través del gobierno. Aunque, por otro lado, su manera de actuar y, creo yo, de pensar, está más cerca de la derecha liberal española. En fin, que me parece que se llevaría muy bien con Esperanza Aguirre. ¡Juas!
–Ya llevo aquí casi dos semanas. Y una de las cosas que más me llama la atención es la enorme diversidad cultural. Sí, ya sé que no estoy diciendo nada nuevo, pero es que es verdad. América es esto:
 Bueno, ahora también es esto:

–Los primeros días en Boston, como ya he dicho, estuvieron llenos de sensaciones, quizás demasiadas sensaciones. Todas buenísimas, pero sin tiempo para sentirlas en su totalidad. Sin embargo, cuando llevaba dos días aquí, y segúía sin mi maleta; cuando niqui que llevaba se estaba convirtiendo en una segunda piel, paseando por Quincy Market (es un lugar lleno de tiendas y pequeños restaurantes de comida oriental, principalmente) 
 
me encontré con los amish.
Ésta fue una de las más agradables sorpresas que podía llevarme. Los amish existen, no son sólo un producto de Hollywood (Único Testigo), y viven en los alrededores de Boston. Los amish siempre me han parecido un grupo raro, porque lo es en este mundo, y a la vez increíblemente interesante: no aceptan el progreso porque la Biblia no lo reconoce. Sin embargo, no tienen problemas en coexistir con ello. Raro, muy raro que no quieran destruirlo todo. Pero así es.

lunes, 9 de agosto de 2010

LUNES, DÍA 2 DE AGOSTO

Anoche llegué a casa sobre las 20:00 horas (2:00 de la madrugada en España), casi cuatro horas después de haber llegado a Boston. El motivo no fueron otros sino la pérdida de mi maleta por parte de la compañía (como ya me advirtieron Guillermo y Carolina. ¡Saludos, chavales!) y que la señora en cuya casa voy a vivir no ha venido a recogerme, a pesar de saber que llegaba a las 16:00. En fin, estoy tan increíblemente excitado que nada de esto me importa. Y, sin dejar de moverme de un lado para otro de la acera que cincurnvala el aeropuerto, la llamo por teléfono. Hi, Chris, it's Paco, your new english language student, from Spain. I'm here, to Boston. Me pregunta que cómo voy a llegar a casa. Le respondo que usando el metro (que aquí lo llaman Subway, como la empresa de bocadillos/ comida rápida) y el autobús. Me dice que el autobús no funciona los domingos, así que al final del subway ella me esperará. Joder, por fin alguien hace algo gratis por mí.
Y... ya llegué a casa. En Lexington, a unos 20 kilómetros de Boston. Este pueblo es uno de lo lugares más importantes en el comienzo de la Revolución americana, la verdadera revolución (la Francesa acabó como el Rosario de la Aurora).  Fue aquí donde se disparó el primer tiro, y donde se libró la primera batalla de los americanos contra lo casacas rojas, el 19 de abril de 1775. Los americanos perdieron, pero la batalla sirvió para entretener a los británicos en su camino a Concord. Allí, ya bien organizados y con buenos pertrechos, los americanos hicieron morder el polvo a los "God save the King". Aquellos disparos fueron disparos que se oyeron en todo el mundo.
Los pueblos de Lexington, Arlington, Cambridge, Concord, Liconl, y algunos otros del condado son, creo yo, algunos de los lugares con más encanto que existen para vivir. La gente del lugar mantiene un nivel de vida muy por encima del de Masachussets, que ya es uno de los más altos del país. Y, durante este mes, yo viviré entre ellos. Mamma mia! Desde mi casa se ve esto:

Y esto:


Por la mañana del lunes, día 2 de agosto, salimos temprano (en casa somos tres estudiantes: una chiquilla italiana, una señora japonesa y un servidor) :

nos espera un día largo en un idoma que apenas comprendemos. Tras tomar un autobús, cogemos el metro. El famoso Subway bostoniano:

donde se pueden ver anuncios como éste:

  En fin, el caso es que el primer día es una vorágine (María Moliner dixit: torbellino de emociones o sentimientos muy intensos). Y transcurre tan rápido que apenas tengo tiempo de darme cuenta de lo que he conseguido. Estoy en Boston, la ciudad tantas veces soñada. 
A mediodía me dicen que mi nivel es intermedio (4 for grammar y 5 for conversation and listening). Me parece bien. Por la tarde, a los nuevos nos llevan al barrio italiano a probar un dulce que todos los dos de agosto se vende en una tienda de allá. El dulce está demasiado dulce, pero el camino al lugar está lleno de edificios hermosísimos: 

                                        
 
Al cabo de un rato, algunos estudiantes nos vamos de allí, del barrio italiano, al centro. Yo no tengo todavía mi maleta, por lo que debo comprar pasta de dientes y un cepillo, como mínimo: confío en vano en que esta noche cuando regrese, ya esté allí. Vamos al Government Center: en este lugar está el Congreso y el Palacio de Justicia; pero, el motivo por el que yo ya conocía este lugar es por la última escena de la película "El confidente" (The friends of Eddie Coyle), una gran peli de cine negro de los 70'. Y, después de comprar dentifrico y cepillo, nos vamos a un café de la esquina a tomar algo. Y yo, por fin, he conseguido mi primer The New York Times: 
    
  
Y me siento feliz, como un niño con zapatos nuevos.

sábado, 7 de agosto de 2010

DÍA 1 DE AGOSTO

Mientras el metro me acerca al aeropuerto, me doy cuenta de que, por primera vez, mi maleta se ha cerrado bien, y que yo no recuerdo cuál es la combinación. Pienso en mi encuentro con los policías unas horas más tarde en la aduana bostoniana: si no sé cuál es la combinación del candado de mi maleta, quizás es que la maleta no es mía. Así que me pongo a tantear todas las posibilidades: son combinaciones de tres números. No puede ser tan difícil. Sin embargo, es en la ristra de los 8 donde encuentro la combinación. Por fin, satisfecho y sudando demasiado para ser temprano, llego al aeropuerto. Allí decido que la voy a envolver en plástico. Tengo que esperar treinta minutos, y comienzo a preocuparme por la cola interminable que hay en los mostradores de FranceAirlines, KLM y Delta (las tres compañías operan juntas). Así, tras pagar 6 euros por un pedazo de plástico, debo esperar otros 30 minutos en la cola para la facturación. Ok, no pasa nada. Voy a Estados Unidos. Por fin, la facturo y entro en la zona de embarque; pero antes debo pasar por un control: tengo que quitarme incluso el cinturón. Un policía me requisa mi Red Bull y una botella de agua porque cada una supera los 100ml. Tiro el agua y me bebo el Red Bull. Son las 8:50 de la mañana. Avanzo a mi puerta de embarque y me encuentro con otro control. No pasa nada –me repito–, lo supero sin muchos problemas. En la zona de tránsito de Amsterdam, debo pasar por otros 3 controles más de policía. Uno de ellos, en el segundo control, lleva a cabo un interrogatorio: que dónde voy, que cuánto tiempo, que en qué trabajo, etc. Al final, parece que le he convencido y me desea que tenga un buen curso en Boston. El tercero es el último grito en la fashion de los controles: debes estar tres segundos con los brazos en alto, dentro de una máquina especial que te ve hasta los restos del semen (si los tuvieres, que no es mi caso, porque yo soy un chico muy limpio). Sin embargo, mi cuerpo da positivo: la maquinita ha detectado cosas en los bolsillos. Intento sacarlas, pero un poli me dice que quieto parao, que para eso está él. Y comienza el sobeteo en las zonas cercanas a la ingle. Ok: auriculares y un cacao. No soy peligroso. Por fin, subo al avión, un Airbus 330 (DL0231) con destino al Logan International Airport of Boston, MA.
EL VIAJE: por supuesto las azafatas hablaban sólo inglés, pero un inglés muy cerrado. Eso hizo que durante ocho horas no hablara con nadie en el avión. ¿Mi compañera de asiento? Era una mujer americana de origen oriental que parecía no poder hablar con nadie de nada. Sólo sonreía: a mí, a las azafatas, a los otros pasajeros. Muy simpática, la señora. Una azafata tenía un acento de algún pueblo perdido en algún condado de Arkansas. Y, por su rostro, parecía que estuviera a punto de decirnos algo gracioso. Pero nadie se rió.
Bueno, ya llegué a Estados Unidos. Mis pies ya pisan suelo americano. Durante el vuelo, nos dieron un papel que teníamos que rellenar y entregar más tarde en la aduana. Vale. Sin embargo, ante el policía hay más problemas: me pregunta el nombre de la escuela en la que voy a estudiar. No me acuerdo, y me pongo muy nervioso. Con gran diligencia, intento coger mi pasaporte, que está bajo la mano del poli, éste reacciona violentamente y comienza a gritarme no sé qué coño de blablablas. Interpreto que yo no debo tocar nada de su espacio vital, y es entonces cuando me doy cuenta de que es el momento de entregar la I-20. ¿Que qué es la I-20? Es el documento que la escuela te envía para que los estudiantes puedan conseguir la Visa. En ella está el nombre de la Escuela: ELC (English Language Center). Ufano, se lo doy. Y él asiente con seguridad: voy por buen camino. Luego me pide las hojas, en plural. Pero yo sólo tengo una. Me dice que debo salir de la cola, ir al final, junto a la pared y coger un formulario blanco, no verde, blanco. Bien, voy al final, pero sólo hay formularios verdes. Y yo relleno uno verde. Cuando me doy la vuelta yo no hay ningún pasajero. Estoy solo frente a doce o quince policías. No pasa nada –me digo-: me acerco al mío y le entrego el formulario verde rellenado. Me dice que ése no es: es el blanco. Le respondo que no hay blancos. Él, ya relajado, sale de la garita y me acompaña, como si fuera una azafata, a encontrar los blancos. Y, joder, están allí donde antes sólo había verdes. Ok, relleno el blanco, que es idéntico al verde, excepto por el color. Por fin, le entrego el papelito blanco al poli. Abre el pasaporte, mira mi foto. No le convence, y me exige que me quite las gafas (en la foto del pasaporte no llevo gafas). Mira la pantalla del ordenador, mira mi foto, me mira a mí. Pasan varios minutos, me hace la foto del iris, las huellas digitales de la mano derecha, me desea una feliz estancia, me devuelve mi pasaporte, y por fin puedo ir a recoger mi maleta. Pero… mi maleta no está. Se quedó en Amsterdam. Son las 18:00 horas, hace dos que llegué a Boston. Y estoy en la cola de reclamación de maletas. Parece que Delta decidió que había exceso de equipaje y que muchas maletas debían quedarse en tierra. Pongo mi reclamación ante una muchacha simpatiquísima de El Salvador. Ella me explica todo con gran amabilidad: en 24 horas tendré mi maleta. Bueno, no pasa nada. ¡¡Estoy en Boston!!